Mientras continúa el debate entre los presidentes de América del Sur en Bariloche y no hay señas claras ni pronósticos, resultados ni conclusiones, la idea es que la convocatoria de UNASUR, que ha generado grandes expectativas de difícil satisfacción inmediata, representa por si misma un avance - si se considera que la ‘situación’ en cuestión es la mayor discordia regional en décadas. Bariloche representa un giro en los problemas de la integración – ésta estará de ahora en adelante marcada por aún mayores necesidades de resolución pacífica y prevención de conflictos.
El asunto de las bases militares ha despertado muchos fantasmas, incluso el de la guerra. Como una lámpara mágica de retrospectivas lejanas y cercanas, de guerras y conflictos, intervenciones e injerencismos que nunca terminan bien, la alarma es esta vez muy difícil de calmar, ya ha tomado cierta realidad. Los argumentos son graves, a veces ofensivos. Así por ejemplo, la frase del presidente Uribe "Nos sigue inquietando que América Latina no condene el terrorismo de estos grupos" (cita de El País).
Como si América del Sur aún continuara en la era Bush, el presidente Uribe se las juega para replegar a las FARC a las profundidades de la selva colombiana, en este intermedio abierto por la transición del gobierno Obama. Tal vez Álvaro Uribe aprovecha la última gran oportunidad de golpear militarmente, con ayuda de Estados Unidos, a las FARC, al narcotráfico y al contrabando de armas; pero ha generado un alboroto real, ha puesto en riesgo la integración sudamericana y ha generado la alarma de sus vecinos.
¿Podrá UNASUR calmar y regresar a la lámpara mágica el fantasma del conflicto sorpresivamente liberado por el presidente Uribe? La reunión extraordinaria es muy breve para esto pero se puede esperar, por lo menos, señas de política brasileña hacia una menor conflictividad regional y pasos efectivos hacia políticas de resolución pacífica de conflictos. Para lo cual todos estarían llamados a ciertos cambios.
Estados Unidos podría reconsiderar su rol a partir de esta experiencia para evitar que sus políticas 'hemisféricas' no impacten negativamente en la integración de la región. Había anunciado reformular sus políticas hacia América Latina, tradicionalmente enfrascadas en los asuntos de narcotráfico, inmigración y en conflictos derivados de la guerra fría. No ha podido resistir la oportunidad abierta por su tradicional aliado, el Presidente Uribe, para generar además un mayor contrapeso regional a los gobiernos asociados en ALBA. Y el presidente Hugo Chávez haría bien en asegurar derechos civiles y políticos de la ciudadanía, de la oposición y de los medios como es propio en regímenes democráticos.
