La Coctelera

Bitácora Americana

Para ir a CiberAmérica

Categoría: integración

28 Agosto 2009

Mientras continúa el debate entre los presidentes de América del Sur en Bariloche y no hay señas claras ni pronósticos, resultados ni conclusiones, la idea es que la convocatoria de UNASUR, que ha generado grandes expectativas de difícil satisfacción inmediata,  representa por si misma un avance - si se considera que la ‘situación’ en cuestión es la mayor discordia regional en décadas. Bariloche representa un giro en los problemas de la integración – ésta estará de ahora en adelante marcada por aún mayores necesidades de resolución pacífica y prevención de conflictos.

El asunto de las bases militares ha despertado muchos fantasmas, incluso el de la guerra. Como una lámpara mágica de retrospectivas lejanas y cercanas, de guerras y conflictos, intervenciones e injerencismos que nunca terminan bien, la alarma es esta vez muy difícil de calmar, ya ha tomado cierta realidad. Los argumentos son graves, a veces ofensivos. Así por ejemplo, la frase del presidente Uribe "Nos sigue inquietando que América Latina no condene el terrorismo de estos grupos" (cita de El País).

Como si América del Sur aún continuara en la era Bush, el presidente Uribe se las juega para replegar a las FARC a las profundidades de la selva colombiana, en este intermedio abierto por la transición del gobierno Obama. Tal vez Álvaro Uribe aprovecha la última gran oportunidad de golpear militarmente, con ayuda de Estados Unidos,  a las FARC, al narcotráfico y al contrabando de armas; pero ha generado un alboroto real, ha puesto en riesgo la integración sudamericana y ha generado la alarma de sus vecinos.

¿Podrá UNASUR calmar y regresar a la lámpara mágica el fantasma del conflicto sorpresivamente liberado por el presidente Uribe? La reunión extraordinaria es muy breve para esto pero se puede esperar, por lo menos, señas de política brasileña hacia una menor conflictividad regional y pasos efectivos hacia políticas de resolución pacífica de conflictos. Para lo cual todos estarían llamados a ciertos cambios.  
Estados Unidos podría reconsiderar su rol a partir de esta experiencia para evitar que sus políticas 'hemisféricas' no impacten negativamente en la integración de la región. Había anunciado reformular sus políticas hacia América Latina, tradicionalmente enfrascadas en los asuntos de narcotráfico, inmigración y en conflictos derivados de la guerra fría. No ha podido resistir la oportunidad abierta por su tradicional aliado, el Presidente Uribe, para generar además un mayor contrapeso regional a los gobiernos asociados en ALBA.  Y el presidente Hugo Chávez haría bien en asegurar derechos civiles y políticos de la ciudadanía, de la oposición y de los medios como es propio en regímenes democráticos.

 

15 Agosto 2009

Tras escuchar las exitosas y decisivas intervenciones del Presidente Obama frente a cada uno de los grandes asuntos mundiales,  al Islam desde El Cairo, a los jóvenes rusos en la Nueva Escuela de Economía de Moscú y a África desde el parlamento de Ghana – decepciona observar la falta de concepto político hacia América Latina.

Recientes medidas hacia la región parecen reflejar más bien una preponderancia de intereses militares de Estados Unidos que políticas animadas por un espíritu de cooperación hemisférica. Porque, para América Latina, Estados Unidos no parece tener por ahora nada equivalente a las bases y propuestas adelantadas para otras regiones. El primer resultado es que el impacto combinado de acciones recientes ha enfriado expectativas iniciales puestas en una eventual nueva versión de la política del ‘buen vecino’ de Estados Unidos hacia la región. Contradicen esas expectativas la propensión de neutralidad mostrada por el Departamento de Estado tras el golpe de Estado derechista de Honduras y la posibilidad abierta por el presidente Uribe de una mayor influencia militar estadounidense en América del Sur.

En un continente en el que, en años recientes, la mayoría de los países han avanzado políticas pragmáticamente progresistas de centro izquierda y objetivos de integración regional, la política de Estados Unidos hacia América Latina se desdibuja en reforzados y conocidos moldes tradicionales. La sospecha es que la administración Obama no tiene un concepto de política hemisférica. La mencionada neutralidad del Departamento de Estado frente al golpe de Honduras así como la expansión del radio de vigilancia que significan las bases militares en Colombia parece concretar intereses fácticos del Pentágono. El resultado es que la esperada transición post-Bush de la era Obama muestra primeros indicios de desencuentros entre Estados Unidos y América Latina. Las propias organizaciones de integración regional – como Unasur en el caso de América del Sur debieran abogar y cuidar los significativos avances recientes de autovalencia mostrados por América del Sur en el contexto internacional. Y seguir la sugerencia del presidente Lula da Silva, de invitar al Presidente Obama al diálogo para profundizar las bases de entendimiento.

10 Marzo 2009

La expulsión del gobierno de los dos más altos funcionarios civiles - de Carlos Lage y del canciller Pérez Roque y los recientes cambios ministeriales han devuelto a Cuba un lugar en las noticias regionales. Estos cambios suceden, paradojalmente, en un contexto de mejoramientos predecibles de la política norteamericana hacia Cuba - tal vez una versión especial para Cuba de una política de buen vecindario con la cual la administración Obama busca marcos de distensión con Cuba. Se trata de un cambio significativo luego de las duras restricciones de los años de la administración Bush hacia Cuba ahora que, por lo demás, una amenazante crisis internacional en curso hace impredecible el destino económico cubano. Si los pre-anuncios desde Washington hicieron pensar que como respuesta Raúl Castro estaría dispuesto sino a una apertura, por lo menos a un avance en las libertades políticas, esa opción por lo pronto no parece ser el caso. Más allá de sutilezas analíticas acerca de las razones para remover a Carlos Lage y a Pérez Roque, la llegada de varios generales al gobierno de Raúl Castro hace pensar que la respuesta a las cambiantes condiciones externas es aquella de reforzar el régimen con un gobierno de verticalidad militar. Señal poco alentadora para cualquier ampliación de los derechos políticos ciudadanos, entre ellos de la libertad de expresión. El aire de distensión, su mera posibilidad, genera un efecto perverso - la tensión del régimen.
Extraña deriva del gobierno de Cuba que plantea nuevos dilemas políticos al intento de América Latina para avanzar en su integración a la región dado que es imposible ignorar que se trata de un gobierno autoritario que lucha por su sobrevivencia sin cumplir con estándares democráticos ni de libertades políticas al cumplir cincuenta años. Raúl Castro me recuerda a Erik Honneker.
Una política de distensión es la mejor opción, pero no debiera inhibir una consciencia crítica y un debate - también en las izquierdas - acerca de las restricciones a los derechos civiles y políticos en Cuba.

6 Marzo 2009

Desacuerdos y desencuentros dejan ver la brecha entre los nuevos miembros de la Unión y el centro productivo y financiero de ésta formado por Francia y Alemania.  Se observan además diferencias al interior de la Eurozona, las que de profundizar pondrían en peligro al Euro. Señala también Joscka Fischer en "Europa, en marcha atrás" [Bitácora Almendrón, Revista de Prensa] que la falta de entendimiento entre Francia y Alemania no ayuda. Aboga  para que estos dos países así como las grandes economías europeas, que enfrentan la crisis en condiciones más sólida, salgan al rescate de las economías europeas en problemas, inclusive aquellas de los nuevos socios del este europeo

Desde el Báltico al Mar Negro, sufren no sólo las monedas, también la población trabajadora por los efectos de la retirada del flujo de créditos por los bancos de Europa Occidental, señala el semanario Die Zeit, de Hamburgo.

Lo paradojal de la situación descrita por Joschka Fischer es que uno de los objetivos de la Unión Europea es la armonización de los desarrollos económicos y de los mercados de sus miembros y que, en ese sentido, esta crisis es un desafío a su principio mismo de integración. Ya se puede sin embargo observar el escenario en que la Europa post-crisis muestra conjuntos internos más diferenciados.  La crisis puede generar, si es que ya no lo ha hecho, un efecto desintegrador cuya contención es un desafío mayor para la Unión Europea. Para Fischer, se trata de un desafío a la voluntad política y llama a Alemania y Francia de retomar la iniciativa. 

En cuanto a un mayor liderazgo de la UE - ya antes de esta crisis han sobresalido Jefes de Estado y de Gobierno, sea Nicolas Sarkozy, la Canciller Angela Merkel o recientemente y en vistas al G-20, el PM Gordon Brown - opacando la tradición anterior, en tiempos de las Comunidades Europeas, que hacía del presidente de la Comisión una personalidad sobresaliente, como Jacques Delors, por ejemplo. 

Pero los europeos, bálticos o mediterráneos, cuentan con la Unión Europea para hacer frente a la crisis. Los latinoamericanos se las arreglan por ahora en forma individual, con todos los riesgos a la vista. 

11 Febrero 2009

La visita de Estado de la presidenta Michelle Bachelet a Cuba es un acercamiento cuidadoso de dos países que durante la segunda mitad del siglo XX, en medio de la Guerra Fría y sus cruentos conflictos ideológicos, vivieron la amistad entre los presidentes Salvador Allende y Fidel Castro. Tras el golpe de Estado de Pinochet, el país acogió a miles de chilenos y a sus familias. 

Cuba, a diferencia de Chile, hizo de Salvador Allende una figura histórica desde temprano. Por todo eso la visita de la presidenta, también socialista, tiene connotaciones significativas para la historia de los dos países. 

Desde la incorporación de Cuba al Grupo de Rio en el año 2008 y en vista de las novedades que pueda generar la nueva política norteamericana hacia Cuba - el contexto 'hemisférico' para una probable transición ha mejorado. Un proceso que tal vez contrapesa los lazos con Rusia y sus aliados que - por sus ecos en Venezuela, Nicaragua y demás aliados regionales - tienen el efecto de dividir la región, debilitando la capacidad negociadora de América Latina en la crisis mundial actual. 

Muchos esperan del gobierno de Raúl Castro un mayor desarrollo en asuntos de derechos y libertades políticas. La presencia en Cuba de la presidenta Michelle Bachelet, que representa una opción avanzada de desarrollo político y social, abre una singular oportunidad de avanzar en temas de la transición, de la integración y del futuro de la globalización. 

16 Diciembre 2008

Una reunión de todos los países latinoaméricanos en Costa do Suaipe, a una hora de Salvador de Bahía, liderada por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva cuya popularidad crece de año en año, hasta alcanzar 80%.

La prensa observa en primer lugar un tema de identidad. Es primera vez que una cumbre de estas proporciones, que reúne a más de 30 países, se realiza sin la participación de Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea o España en las cumbres iberoamericanas. La participación del presidente cubano Raúl Castro y la integración de Cuba al Grupo de Rio con la posibilidad del fin del bloqueo en el horizonte– concentran gran parte de la atención. Es también una señal de identidad en medio de la crisis en curso de la globalización y de los cambios que se avecinan en las relaciones de Estados Unidos con América Latina con el presidente electo Barack Obama y la Secretaria de Estado Hillary Clinton.

Porque además del diálogo para mejorar relaciones entre países vecinos está también la sombra de distintas alianzas internacionales que tensionan la política hemisférica. Cómo la que genera actualmente Cuba, Venezuela y Ecuador por su acciones estratégicas con Rusia e Irán. En este sentido la integración de Cuba al Grupo de Rio es clave para América Latina.

Está también la expectativa de que esta cumbre genere lineamientos anticrisis comunes para la región. Economías globalizadas, con un lustro de crecimiento, no pueden enfrentar pasivamente y sólo de manera individual el deterioro generalizado del crecimiento. Se requieren medidas que contribuyan a fortalecer el factor regional anticrisis, una buena razón para avanzar en la esquiva integración. Un desafío difícil si se piensa que la mayor parte del comercio exterior de la mayoría de las economías reunidas hoy es con mercados extra-regionales (con excepción de México y Estados Unidos) y si se considera la heterogeneidad de las economías regionales o las complicaciones que existen aún incluso al interior de Mercosur por la doble tributación aduanera para las importaciones.

Avances, por ejemplo, acerca del predecible impacto de la crisis en el empleo, uno de los desafíos críticos para el 2009- 2010 para evitar que la crisis impacte con mayor pobreza en toda América Latina

Perú llega a la cumbre con una economía que muestra 88 meses de crecimiento y cuya última cifra muestra un 8,73% del PIB para noviembre. La presidenta Cristina Fernández llega a la cumbre con su megaplan anticrisis con el que se propone crear 400 mil puestos de trabajo en la construcción. Y la presidenta Michelle Bachelet, presidenta pro-tempore de UNASUR, que en Chile ha creado una Comisión Nacional del Empleo, ha empezado la jornada con una reunión con el presidente Evo Morales.

30 Septiembre 2007

En una conferencia en la Universidad de Columbia, la presidenta Michelle Bachelet presentó una América Latina en la que no hay un solo modelo de desarrollo dominante - ni tampoco un eje anti-Estados Unidos. Para completar esa idea: en una ocasión anterior ella ya había diagnosticado retrocesos de la integración en la región.

Efectivamente, no existe acá nada que se parezca a un discurso hegemónico. Tal vez nunca lo hubo y el asunto sea tan viejo como para ir a ver la historia en los tiempos de los virreinatos de la Casa de Austria o de las reformas borbonas. En todo caso, incluso ahora - después de décadas de dictadores inescrupulosos que sólo se integraban para reprimir - esta América Latina del siglo XXI de gobiernos democráticos difiere frecuentemente en más asuntos que en aquellos que la unen, lo que explica a veces la intensa agenda de conversaciones, acuerdos, conversaciones, abrazos públicos y desacuerdos públicos.

Las izquierdas y los gobiernos actuales que se definen como tales tienen además una idea bien especial de lo que entienden por integración. ¿Cuanto de ideológico y cuanto de visión por un desarrollo humano en la región contienen las actuales alianzas?

Por otro lado: ¿Basta el incremento del intercambio comercial para dimensionar la integración? Luego de un año marcado por la asuntos de energía ¿Cuanto se ha avanzado en esa integración?

¿O es el neoliberalismo como lo definiera hace años el sociólogo Pierre Bourdieu un arma de conquista de una globalización que - en este caso - debilita la integración en una región que objetivamente no sólo comparte grandes problemas comunes sino que, por décadas, los entretiene sin resolverlos bien frente a un mundo que avanza velozmente. ¿Y que de avanzar en una mayor integración tendría más chances de progresar?

En todo caso, de momento, esa diversidad latinoamericana es de difícil integración. Hasta donde es posible ver tampoco la perspectiva del Bicentenario introduce cambios en eso. La impresión es que en esta Asamblea General de la ONU, los gobiernos latinoamericanos han dejado claro que la integración es una meta secundaria.

Si sólo tuviéramos aquella capacidad de los antiguos chamanes de extraer de las piedras algo del poder de la naturaleza para el bien de su gente - podríamos intentar hacer lo mismo de estas ocasiones.

21 Abril 2007

Un post de Arturo Durán.

Abril 2007 podrá ser recordado en tanto hito importante de la
integración en América Latina. Una mirada a la agenda ya lo deja ver.
Incluso para quienes consideren que la Primera Cumbre Energética no
cumplió con todas las expectativas, como lo señala, por ejemplo, un
comentario de La Nación de Buenos Aires, esta Cumbre marcará un antes y
un después en los esfuerzos de integración pues ha hecho evidente que
las políticas energéticas se han convertido en uno de los ejes
fundamentales para el crecimiento de la región.
Talvez sea en
torno a la lógica de los proyectos energéticos que esa esquiva
integración latinoamericana encuentre su cause natural, siguiendo
entonces la ruta del petróleo, del gas y de los biocombustibles. La
creación de un mercado energético regional aportaría sin duda un
componente integrador; un modelo en el que Venezuela y Brasil comparten
y compiten por posiciones y alianzas importantes y estratégicas.
Asegurar el clima de entendimiento regional infraestructural es una de
las condiciones así como también asegurar que - en ese contexto – la
tolerancia política e ideológica sea una virtud pragmática al igual que
el cuidado por los derechos humanos allí donde la historia reciente los
ha vulnerado.

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